La mayor operación de la historia en el mercado de los videojuegos logró una prórroga el pasado 19 de julio, la nueva fecha límite es el 18 de octubre
Nuevo capítulo en el culebrón de la compra de Activision por parte de Microsoft. La que sería la mayor operación jamás registrada en el mercado de los videojuegos al estar valorada en 69.000 millones de dólares no es algo a lo que los de Redmond estén dispuestos a renunciar fácilmente, y más, después de haber obtenido victorias tanto en la UE como en EE UU. El gran escollo que tiene por delante son las autoridades de competencia británicas (la CMA por sus siglas en inglés). Este martes, el organismo británico ha emitido un comunicado “inusual”, según sus propias palabras, explicando dos cosas. De un lado, que bloquea la fusión de forma definitiva a nivel mundial. De otro, que Microsoft y Activision han presentado un nuevo acuerdo con nuevas condiciones para colmar las demandas de la CMA. El supervisor de competencia ya ha adelantado que estudiará el nuevo documento.
“El grupo independiente que analizó la propuesta inicial de Microsoft revisó las alegaciones y cambios que hizo la empresa y finalmente decidió que no representaban ninguna modificación sustancial que justificara un cambio en la decisión original de oponerse a la fusión. Para dotar de efectos legales a esa decisión, la CMA ha impuesto hoy una orden definitiva de prohibición sobre el acuerdo a nivel mundial. De forma separada, Microsoft y Activision han acordado un nuevo y reestructurado acuerdo que ha sido entregado a la CMA para que sea revisado en una nueva investigación”, explica el comunicado del supervisor.
El acuerdo de compra de Activision por parte de Microsoft se propuso inicialmente en enero de 2022 y tenía como fecha límite el pasado 18 de julio. El 19 de julio, Microsoft y Activision anunciaron una prórroga para intentar salvarlo, fijando la nueva fecha límite en el 18 de octubre de 2023. Activision está detrás de populares juegos como Call of Duty, Overwatch, World of Warcraft o Diablo. Microsoft no solo tiene el sistema operativo más usado en la práctica totalidad de los ordenadores del mundo, sino que también posee Xbox, la popular firma de consolas, así como un servicio de cloud gaming que ha sido el principal punto de discordia con los reguladores británicos.
El cloud gaming, o juego por streaming, es una modalidad que permite jugar a los videojuegos de forma remota. Con otras palabras y poniendo un ejemplo de lo que permite hacer. Aunque el jugador no disponga de un ordenador lo suficientemente potente como para hacer funcionar un determinado juego, si dispone de una conexión a internet estable y lo suficientemente buena en su equipo, esta le permitiría conectarse a una máquina a distancia mediante la cual podría jugar a cualquier videojuego, independientemente de no contar con una máquina lo suficientemente potente en su casa. En su día, Google intentó algo parecido con poca fortuna: Stadia.
La preocupación recurrente entre los diversos organismos que han investigado la fusión era la de que la reducción de la competencia y la concentración de más poder en manos de una ya de por sí poderosa Microsoft diera como resultado un menoscabo a los consumidores. Ya fuera desde el lado de una menor libertad de decisión y variedad de oferta, o del de soportar unos mayores precios.
“Microsoft ya tiene aproximadamente entre un 60% y un 70% del mercado global de cloud gaming. Se prevé que este mercado alcance en 2026 un valor de 13.700 millones de dólares a nivel global y de más de 1.200 millones de dólares dentro de Reino Unido. (…) La propuesta de Microsoft se quedó significativamente corta en relación al mercado del cloud gaming. No garantizaba la aplicación de modelos de negocio como suscripciones multijuegos. No era lo bastante abierta para aquellos que quisieran ofrecer versiones de los juegos en sistemas operativos alternativos a Windows y estandarizaría los términos y condiciones de la disponibilidad de los juegos, evitando que la forma en que se ofrecen se beneficie del dinamismo y la creatividad de la libre competencia, como cabría esperar de no producirse la fusión”, escribían en el primer alegato que hicieron desde la CMA al respecto de la operación.
